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martes, 17 de agosto de 2021

UNA POÉTICA DEL MAÑANA: TEORÍA LITERARIA DEL SIGLO XXI

 

Lo primero que se debe decir acerca del nuevo libro de teoría del profesor Miguel Ángel Huamán es que brinda lo que su título promete. Realiza una síntesis, que es también una propuesta, acerca de la actual constitución de lo Literario. Los pequeños ensayos tienen la peculiaridad de articular y al mismo tiempo divulgar distintas propuestas teóricas; de manera que, conocemos autores relevantes y accedemos a una visión panorámica del estado de la cuestión en el ámbito teórico, que no deja de lado los acuciantes problemas que enfrentamos como humanidad (lucha contra el calentamiento global y el individualismo exacerbado).  



A su vez, el libro analiza las implicancias hermenéuticas y críticas del nuevo marco teórico expuesto. ¿Cómo entender el fenómeno literario a la luz de las últimas reflexiones sobre su constitución ontológica?, ¿o deberíamos decir gnoseológica? Lo que está en juego aquí es la constitución real y efectiva de una nueva manera de concebir lo Literario. Una donde adquieran real trascendencia conceptos como “acontecimiento literario” y “crítica dialógica”. Durante la formación en el pregrado, estaba claro para muchos, al menos en un nivel intuitivo, que la interpretación no consistía solamente en la aplicación de metodologías o esquemas conceptuales. Eso, que era una intuición años atrás, ahora adquiere cierta rigurosidad a través del texto del profesor Miguel Ángel Human. En la misma línea, el II capítulo (“Marco teórico”) del libro La representación de la literatura en la ensayística de Mario Vargas Llosa¸ del profesor Javier Morales Mena realiza el mismo ejercicio: una síntesis y análisis de los principales aportes teóricos que piensan lo Literario desde un nuevo paradigma.


Como diría un catedrático decimonónico, la mesa esta servida y el camino trazado. En ambos libros reseñados existe una cuantiosa bibliografía que aborda esta “nueva constitución” del fenómeno literario, lo que se entiende ahora por teoría y sus relaciones con la práctica crítica e interpretativa.   

 

martes, 4 de noviembre de 2014

EL ENFERMO IMAGINARIO



El día jueves 30 de octubre se realizó un evento cultural relevante en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el marco de la Semana de la Literatura el grupo teatral Contacto presentó El enfermo imaginario de Moliere. Esto es de suma importancia para la vida cultural sanmarquina. En nuestra Universidad, la actividad teatral y la reflexión dramática han quedado completamente relegadas. A este panorama se suma el escaso apoyo al arte en las universidades públicas y una política cultural inexistente. Por ello, es una sorpresa que la presentación de Contacto haya sido exitosa. Creemos que esto confirma que, a 14 años de terminada la dictadura que destruyó por completo todos los mecanismos de organización universitaria, los estudiantes están reconstruyendo la vida cultural y política de la Facultad.

A diferencia de algunas presentaciones teatrales anteriores, esta ha sido una puesta en escena responsable. Se pudo sentir el trabajo y preparación en todos los niveles: organización, ensayos, utilería, efectos, dirección… La conciencia y el compromiso artísticos son evidentes. Este colectivo; que está conformado por alumnos que cursan los primeros años de distintas carreras de la Facultad, ha demostrado gran madurez artística, sensibilidad e intuición. Es muy difícil manejar una presentación como la del día jueves. El espacio y el ambiente no eran los idóneos, pero el director, los actores y la producción demostraron aplomo y seguridad; esto solamente puede ser producto de un arduo trabajo.

Analicemos la puesta en escena. Lo primero que debemos mencionar es la adaptación. La presentación duró cerca de 45 minutos y estuvo divida en 3 actos. Existió un trabajo con el texto y la estructura de la comedia de Moliere. A pesar de los recortes, el cambio de la estructura funcionó; las correctas actuaciones del enfermo Argán (Emmanuel Zavaleta Santisteban) y Toñita (Tania Palomino Domínguez) permitieron que la obra se mantuviera cohesionada. Además el carisma y talento de ambos contagió al resto de actores. Otro acierto de la adaptación del estudiante de literatura Emmanuel Zavaleta fue la actualización del lenguaje. De manera inteligente, modificó el texto e introdujo frases actuales y coloquiales en los momentos jocosos ligados a la enfermedad digestiva de Argón y también cuando se ironizaba con lo erótico. Pero conservó la solemnidad y la belleza clásica del texto original en los parlamentos largos, donde los elementos estrictamente “jocosos” (sexualidad, enfermedad) quedaban de lado. Por ejemplo, cuando se hablaba del elevado y puro amor entre Angélica (Patricia Herrera Quichíz) y Cleanto (José Francisco Guablocho Jalk); o cuando Tomás Diaforius (Arturo Ree Noriega) utilizaba una molesta perorata para pretender a Angélica. En suma, la adaptación fue correcta y equilibrada, potenció la comicidad del texto y permitió una presentación entretenida y agradable.

Otra virtud es la correcta caracterización de todos los personajes. En este punto el vestuario y la utilería cumplen un papel fundamental. Fue un gusto apreciar ese nivel de preparación y compromiso en una actuación universitaria. Todos los actores supieron manejar muy bien sus instrumentos y el improvisado escenario. Los parlamentos de todos fueron claros, correctamente modulados (incluso, algunos, con inflexiones adecuadas), existieron las pausas necesarias, hubo conexión y complicidad entre los actores. Podríamos decir que fue una presentación casi profesional. Esto no pudo haber sido posible sin una correcta dirección, la cual estuvo a cargo de David Achas Silva. Las caracterizaciones de Argán y Toñita fueron excelentes, no merecen más comentarios por la importancia que les asignamos. Patricia Herrera (Angélica) supo resolver la caracterización del personaje con suspiros afectados; pero, por eso, agradables, cumplió con la ternura y comicidad que requería el personaje.  Arturo Ree en el doble papel de Tomás Diaforius y Dr. Purgón fue jocoso, pausado, moduló correctamente la voz; y, lo más importante, los movimientos, la posturas y los gestos que usó en cada personaje, permitieron que estos adquirieran independencia. Todos tuvieron una correcta interpretación no olvidaron ningún aspecto relevante de una representación dramática. Cada movimiento fue preciso, y el manejo de la relación con el público fue increíblemente maduro. Belina (Shirley Vivas Centeno), el Sr. Diaforius (Max Espinal Mendoza) y Beraldo (Joel Peña Correa) completan el reparto la versión de El enfermo imaginario del grupo teatral Contacto.

No queda más que felicitar a todos los miembros del grupo, incluido el equipo de producción: Karen Montalvo, Fiorella Susaníbar Jara, Wendy Balboa, Daniel Sánchez Quispe, Milagros Reyes y Gabrielle Salazar. Se requiere mucho trabajo y también mucha intuición y talento para brindar una función como la que nos brindaron. Es una alegría que podamos ver una puesta en escena exitosa y agradable en la Facultad de Letras. Creemos que estamos en camino de devolverle la majestad cultural y artística a la Facultad, el grupo Contacto es una muestra de ello.